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J. SAINZ jsainz@diariolarioja.com
Jueves, 7 de octubre 2010, 19:46
«Una novela absolutamente rompedora, urdida por un escritor llamado a no ser, bajo ningún concepto, uno más en el rebaño». Ese escritor es el madrileño David Torres y la novela, 'Punto de fisión', la ganadora del IV Premio Logroño, fallado anoche. El jurado presidido por el académico Luis Mateo Díez, que le entregó el galardón en el transcurso de una cena celebrada en la capital riojana, ha destacado el acierto del autor para hacer confluir en su obra «la más honda sensibilidad y el esperpento, el surrealismo y lo cañí, la crítica social y la pornografía».
Torres recibió el premio con el orgullo de verse reconocido por colegas del prestigio y la variedad de Manuel Rivas, Fernando Marías, Félix J. Palma, Care Santos y el propio Mateo Díez, componentes del jurado. Tampoco ocultaba su satisfacción por hacerse con uno de los certámenes literarios mejor dotados de España (90.000 euros), convocado por el Ayuntamiento de Logroño, Fundación Caja Rioja y Editorial Algaida. Representantes de las tres entidades, junto con otras autoridades regionales y centenar y medio de invitados asistieron al evento en Bodegas Campoviejo.
Guionista de televisión ('Al filo de lo imposible') y columnista del periódico El Mundo, a sus 43 años David Torres tiene publicada una decena de obras, la mayoría novelas, entre las que destacan 'El gran silencio', finalista del Premio Nadal en el 2003, y la más reciente 'Niños de tiza' (2008, Premio Tigre Juan, editada por Algaida). Aunque también ha cultivado el género mitológico, así como la novela de viajes y aventuras, el relato e incluso la poesía, parece decantarse hacia la novela negra y policiaca. Sin renunciar a esta tendencia, 'Punto de fisión' ensaya una mezcla de géneros e historias a modo de laberinto.
Cuatro historias
Cuatro historias aparentemente inconexas se entrelazan en la obra. «Un manuscrito ambientado en la catástrofe de Chernobyl y protagonizado por Sergei, un niño al que la mafia ucraniana obliga a penetrar en la zona de contaminación nuclear para recuperar objetos valiosos. La prodigiosa peripecia vital de Leonardo Zubiri, un tipo anodino a quien un rayo está a punto de fulminar y que sin embargo sobrevive, transformado como efecto secundario en voraz lector y escritor de éxito. La súbita oleada de atentados terroristas contra edificios emblemáticos de la capital de España cuya investigación correrá a cargo del inspector Estévez, un atípico policía que habrá de enfrentarse a la acción criminal de un descabellado grupo independentista madrileño. Y finalmente, la narración en torno a la cual se hilará el resto: los oscuros tejemanejes del editor Matas y su ayudante en el negocio, la joven Julia, una extraña mujer que cambia continuamente de aspecto y lleva tatuado su cuerpo con poemas clásicos».
«El humor y el riesgo formal -explica el jurado-, unidos a la postmodernidad más delirante, combinada con el buen oficio de un autor cabalmente integrado en la tradición de aquella vanguardia de inicios del siglo XX que constituyó la llamada otra generación del 27, la de los Neville, Jardiel Poncela, Gómez de la Serna, etcétera, componen los materiales con los que David Torres construye el laberíntico y prodigioso edificio de su novela».
Habrá que esperar al menos hasta febrero para leerla. Pero su autor y los miembros del jurado participan hoy en una mesa redonda (en el centro Caja Rioja-Gran Vía, a las 20 horas) sobre la novela actual en español.
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