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jsainz@diariolarioja.com
Martes, 3 de agosto 2010, 10:10
Otro meteorito. Otra vez, al borde de la extinción. El Comité de Patrimonio Mundial de la UNESCO rechazó ayer la candidatura de los yacimientos de Icnitas de Dinosaurio de la Península Ibérica (Idpi), presentada en forma conjunta por España y Portugal, con la participación de La Rioja, y recomendó intentarlo en el futuro «con más información». Los miembros del Comité, que concluye hoy su reunión en Brasilia, consideran que el informe «carece de algunas informaciones», señaló una fuente de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), que no pudo precisar más las razones de esta decisión. El Comité también recomienda a España y Portugal que completen su expediente y lo presenten en una próxima oportunidad. Técnicamente, la candidatura ha sido 'diferida', según fuentes del departamento de comunicación: es decir ha sido pospuesta, no definitivamente rechazada, sino que se le deja abierta la puerta a nuevos intentos. Pero esta posibilidad parecía lejana ayer en Logroño, donde se recibieron las noticias desde Brasil como un zarpazo.
«Es una gran decepción», reconoció el consejero riojano de Cultura, Luis Alegre, a última hora de la tarde, cuando recibió confirmación de la decisión. En el encuentro de Brasilia, que se lleva celebrando desde la semana pasada y hasta la penúltima jornada no se ha debatido la candidatura hispano-lusa, no había representación riojana. Únicamente habían viajado la subdirectora general del Ministerio de Cultura, María Ángeles Albert, y uno de los asesores técnicos de la candidatura, Luis Alcalá, director de Dinópolis-Teruel. En Logroño se mantenían a la espera.
Había optimismo al respecto, porque se habían seguido todas las indicaciones de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN, entidad asesora en materia medioambiental). Por eso, que finalmente la UNESCO no haya declarado Patrimonio Mundial los yacimientos de icnofósiles de España y Portugal, entre los que destacan, por cantidad y nivel de estudio, los de La Rioja, que ha impulsado esta candidatura desde 1998, es un fracaso importante para esta comunidad, que tiene en estos singulares vestigios del pasado remoto uno de sus mayores tesoros. Un gran tesoro de piedra que ahora, al quedarse sin el mayor reconocimiento internacional, debe seguir siendo mostrado ante el mundo con el compromiso triple de su conservación, investigación y divulgación, pero sin el apoyo importante que supone la distinción por parte de la UNESCO.
Aunque no ha bastado, la fe en el enorme valor de este bien, a medio camino entre el interés cultural y medioambiental, ha movido este proyecto a través del complicado proceso que requiere la declaración, cuya consecución ya se había visto frustrada en dos intentos anteriores, pero nunca al final del camino, como esta vez. A la tercera tampoco fue la vencida, y las icnitas tendrán que seguir esperando para convertirse, si algún día lo consiguen, en el tercer bien riojano incluido en la lista de Patrimonio Mundial, después del Camino de Santiago, declarado en 1993, y los monasterios de San Millán de Yuso y Suso, reconocidos tradicionalmente como cuna de la lengua castellana y declarados Patrimonio de la Humanidad en 1997.
En esta ocasión La Rioja esperaba compartir la gloria de las icnitas con sus cinco comunidades socias, Aragón, Asturias, Castilla y León Cataluña y Valencia, así como con Portugal. En conjunto reúnen unos 230 yacimientos y más de 22.000 huellas fósiles, aunque sólo once lugares habían sido evaluados para obtener la declaración de la UNESCO, dos de ellos riojanos: Los Cayos, en Cornago, y La Era del Peladillo, en Igea. Son, en todo caso, representativos de los casi 150 yacimientos existentes en la región, que, con más de 10.000 huellas catalogadas, es el lugar del mundo con mayor concentración de icnitas y mejor estudiadas.
Bien excepcional
Los otros yacimientos examinados han sido los de Fumaya (en Barcelona), Tambuc (en Valencia), Las Cerradicas (en Teruel), Fuentesalvo (en Soria), Costalomo (en Burgos), Tereñes (en Asturias) y Vale de Meios, Pedreira do Galinha y Pedra da Mua (en Portugal). Todos ellos representan un testimonio único en el mundo sobre los dinosaurios desde el Jurásico medio hasta el Cretácico superior que permite investigar su evolución durante los últimos cien millones de años del Mesozoico y establecer hipótesis sobre sus formas de vida en un área geográfica relativamente restringida.
Unidos en una misma candidatura hispano-lusa, se presentaban ante la UNESCO como «ejemplo eminentemente representativo de las grandes fases de la historia de la Tierra, incluyendo el testimonio de la vida, los procesos geológicos en curso en la evolución de las formas terrestres o de elementos geomórficos de mucha significación». El éxito de este proyecto habría representado un impulso vital a este singularísimo patrimonio desde el punto de vista científico y para el desarrollo de las áreas rurales que lo atesoran. Pero no haberlo conseguido no debe ser considerado como un fracaso absoluto.
Siendo importante, con declaración o sin ella, los yacimientos de icnitas son un verdadero libro abierto al pasado para quien quiera leerlo, una ventana a través de la cual poder sentir fascinación por un mundo desaparecido y tratar de conocer mejor el origen del planeta y de la evolución de la vida sobre él. Pero convertirlos, algún día, en Patrimonio Mundial contribuiría a impulsar su investigación científica, garantizar su mejor conservación, generar una conciencia colectiva sobre el patrimonio y su trascendencia en la sociedad y su desarrollo, así como devenir en una oferta cultural que ayudase al desarrollo socioeconómico de esos territorios. Queda pendiente.
Los dinosaurios desaparecieron hace 65 millones de años y hoy siguen despertando gran interés. Saben tener paciencia.
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