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Uno de los danzadores, ejecutando el baile de los zancos. :: J. RODRÍGUEZ
Tradición de altura en Anguiano
ANGUIANO

Tradición de altura en Anguiano

Los danzadores se pusieron los zancos para bailar y bajar por la histórica cuesta El primer día de la fiesta no defraudó y congregó a cientos de personas

IVÁN HERCE

Jueves, 22 de julio 2010, 14:13

Después de unos días de mucho calor, el tiempo ayer amenazaba con lluvía, pero eso no era problema para los anguianejos y todos los turistas que se acercaron al pueblo del alto najerilla para celebrar el primer día de las fiestas de La Magdalena. Todo empezó por la mañana con el chupinazo que daba comienzo a unos días de gran emoción para todos los vecinos de Anguiano.

Conocido por su tradición de los danzadores, el pueblo esperaba ansioso que llegasen las ocho de la tarde para poder acudir a la Iglesia desde donde ocho chicos con un vestido y unos zancos iban a bailar y a lanzarse por una cuesta ya histórica en el pueblo.

A pesar de que la amenaza de lluvia se convirtió en realidad pocos minutos antes del comienzo de esta tradición, las nubes tampoco querían perdérsela y a las ocho en punto todo estaba despejado para que

se iniciasen los primeros bailes y descensos de estos valientes en las fiestas.

El ambiente era excepcional, los niños intentaban atraer a un cámara diciéndole que «nosotros somos el futuro», mientras que una señora relataba que «es una tradición que tira mucho». Con la gente ya revoloteando por los alrededores y cogiendo sitio llegaron los danzadores para empezar con el ritual de preparación, que es el mismo año tras año. Los ocho jóvenes con sus vestimentas recibieron la oración de la bendición para, posteriormente, salir a la calle y colocarse los zancos. «Ponernos absolutamente todo nos cuesta aproximadamente unos 30 minutos, es decir, desde que nos ponemos los calcetines hasta que llevamos ya los zancos bien puestos», afirma Raúl Soto, con el mote, 'El Pocho', que es ya un veterano en esto de danzar. Desde los 12 años lleva como danzador y a sus 28 años, ha estado entre los ocho que representan al pueblo gran parte de estos. «En septiembre es mi última vez, porque hay que dejar pasar a los jóvenes, hay que darles una oportunidad», indica.

Bailes y descensos

Una vez preparados, se juntaron todos y mirando de frente a la iglesia empezaron a bailar al ritmo de un tambor y dos gaitas, que se encargaron de entonar la danza habitual. Además, como destaca orgulloso Alejandro Selalo, el tamborilero, «Esto supone mucho para mí, y mi ilusión desde siempre ha sido tocar la danza, nunca he bajado la cuesta con zancos». Selalo y sus dos compañeros se encargaron de que los danzaderos llevasen el ritmo de la música y que dieran vueltas golpeando sus castañuelas, para, de forma seguida, cada joven, uno por uno, se lanzara por las escaleras y luego por la cuesta.

Cientos y cientos de personas abarrotaban la pequeña calle que daba a parar a la plaza, donde no se veía ni un hueco, pero pronto se respetó la tradición y la bajada por la cuesta principal fue espectacular, como siempre, con alguna leve caída, pero sin nada grave.

Una de las sorpresas fue Miguel Sáenz, que a sus 19 años tomó la alternativa de un compañero que este año dejo cedió su puesto.

Muy seguro de si mismo, antes de comenzar, señalaba que «no tengo miedo ni nervios, si tienes miedo, lo mejor es no hacerlo».

Pionero en la familia, al ser el primero que se decide por danzar y encarar la peligrosa cuesta empedrada, reconoce que ha tomado nota de los consejos dados por los más veteranos. «Me dijeron que estuviera tranquilo, que no me arrimara a la pared de la derecha y que estaría todo el rato mirando al frente». Miguel Sáenz hizo caso de estas recomendaciones y encaró el descenso confiado en si mismo y fue el que más apoyo recibió por parte del público.

Tanto este joven debutante como el veterano, Raúl Soto, están de acuerdo en asegurar que «antes de bajar piensas en que todo salga bien y que la gente quede contenta y durante el descenso no sueles pensar en casi nada».

Las caídas, los tropezones, son algo habitual en este acto, ya que cuentan con unos zancos con 50 cm de altura, pero el control que ejercen de estos es muy bueno. «Siempre hay alguno que se cae, alguna rotura de ligamentos, pero es algo habitual», subraya 'El Pocho'. Además, quiso resaltar que «esto no se práctica, solo lo hacemos en mayo, julio y septiembre, aunque, lo único que se ensaya es con los 'troqueaos' un par de días para los chicos nuevos», revela.

Origen incierto

La primera vez que se subieron unos serranos a unos zancos fue hace unos 400 años, y la tradición, incierta, actualmente se realiza como signo de devoción a Santa María Magdalena, patrona de la localidad. El atuendo es el mismo durante siglos y se va cediendo a los nuevos danzadores.

La fiesta continuará hoy con el día grande, que contará con misa y procesión y otras dos participaciones de los ocho jóvenes, al mediodia y a las 20 horas, al igual que el viernes. El último día se suele dejar a los más jóvenes la oportunidad de lanzarse por la cuesta e ir cogiendo experiencia.

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