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P.J.P.
Martes, 13 de julio 2010, 02:25
Previsiblemente a finales de este verano finalizarán las obras que se están llevando a cabo en el alcázar de Nájera, con el fin de evitar que las escorrentías continúen destruyendo los restos que aún quedan de aquel palacio residencial.
Para solucionar ese problema, la empresa Construcciones y Restauraciones Rafael Vega ha disimulado entre los muros numerosos colectores que sirvan para canalizar el agua de la lluvia y sobre ellos se han colocado nuevos sillares recreando cómo pudo ser una parte de la fortaleza, sus torres, sus muros defensivos con ventanas saeteras y hasta la doble muralla, que discurría hueca, según han podido comprobar los arqueólogos y restauradores que colaboran en esta rehabilitación.
En la parte superior del recinto se ha dejado al descubierto un suelo empedrado del que ya se conocía su existencia y varias habitaciones de las que sólo se conservan los restos de los muros. Excepto entre los dos muros defensivos, donde se esperaba encontrar un paso porticado que no se ha localizado y se volverá a rellenar de escombro para dar más estabilidad a las paredes, no ha aparecido ningún otro resto de interés, aparte de restos de cerámica y alguna moneda, que han quedado depositados en el Museo Najerillense. Eso no quiere decir que no existan, ya que una buena parte del conjunto todavía no se ha estudiado, ni se hará de forma inmediata.
En la programación de los responsables arqueológicos de la zona está el ir llevando a cabo prospecciones, según los fondos disponibles.
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