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ESTEBAN MARTÍNEZ PÉREZ
Jueves, 8 de julio 2010, 02:32
El 27 de Junio de 1960 ETA mataba por primera vez, e iniciaba, con la muerte de una niña de tan sólo 22 meses, una larga lista de víctimas mortales, físicas y psicológicas a la que todo demócrata desea poner punto y final cuanto antes. El caso es que esta fecha ha sido institucionalizada como el día de las víctimas del terrorismo y con semejante motivo se reunieron en las Cortes Generales el Rey, los líderes políticos, y otros agentes sociales para conmemorar el daño que todo tipo de violencia terrorista a lo largo de nuestra historia.
A pesar de que ETA cometiera el asesinato aquel 27 de junio, antes otros grupos terroristas cometieron atentados contra líderes políticos. Recordemos la muerte de Cánovas del Castillo, artífice de la Restauración Borbónica de 1875. Sin embargo, ningún grupo o banda terrorista ha conseguido sembrar tanto dolor. Han intentado dividirnos, pero siempre ha habido un consenso generalizado: hay que acabar con ETA sin hacer concesiones que supongan un paso atrás con respecto a la Constitución y las instituciones democráticas que disfrutamos desde que conseguimos dejar atrás el autoritarismo con las elecciones de 1977 y la aprobación de nuestra Constitución. El respeto a las Cortes Generales y a este tipo de actos institucionales son, pues, de vital importancia para la convivencia política.
Ese respeto hay que ejercerlo con la posición política y la altura de miras que los ciudadanos solicitan: con virtud cívica. Por eso, la ausencia de los parlamentarios del Partido Popular electos en La Rioja, entre ellos el alcalde de Calahorra, Javier Pagola, que tuvo que sufrir como Alcalde un brutal atentado en Marzo del 2008, hace pensar que no todos están por la labor de acudir a actos que no solo suponen una obligación en el ejercicio de las funciones como Diputado o Senador, sino una obligación moral como demócrata convencido del valor de nuestro sistema de libertades. Los símbolos y los valores en democracia son más que una bandera o una lengua, e ignorar o avivar selectivamente alguno de ellos es lo que se denomina como «utilización partidista». El Partido Popular no tuvo dudas en avivar el fuego de la lucha contra el terrorismo para arrancar votos, en apoyar manifestaciones y en salir a la calle cuando percibió una ocasión de desgastar al gobierno: todo eso torna a demagogia si no se acuden a los actos institucionales en apoyo a las víctimas, por más que reconozcamos la posición relativamente responsable que han adoptado durante la presente legislatura.
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