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C. SOMALO
Martes, 13 de abril 2010, 11:58
La moda no es una invención de nuestros días. Siempre fue una forma de expresión para reflejar el exterior y el interior de las mujeres, de las consideraciones sociales y hasta económicas... y si cabe, hasta de la doble moral de determinadas épocas. Y si no lo creen, es fácil. Pasen por la sala del Centro Cultural Caja Rioja-La Merced para ver la exposición 'El arte de vestirse al desnudarse', una visión que realiza un recorrido por la lencería femenina de 1850 a 1960.
La exposición repasa la historia de algo tan sugerente como la lencería femenina durante tres periodos que van desde 1860 a 1918; de otra etapa que comprende dos décadas (1920-1940) y, finalmente, una tercera que abarca algo más reciente (las décadas de los 50 y 60).
Comisariada por María Jesús Romero Ruiz de Gopegui, la exposición podrá visitarse hasta el próximo 15 de mayo, de las 18.00 a las 21.00 horas, excepto festivos, con la posibilidad de concertar visitas guiadas por grupos fuera del mismo horario.
La muestra está integrada por lencería de época, casi toda ella propiedad de la organizadora. Como detalle de excepción pueden contemplarse unas medias de seda y ligas que pertenecieron a la Reina II de España.
¿Vestirse al desnudarse? Tal vez. No hay más que mirar la memoria de los recuerdos, revolver entre el baúl de las abuelas y esforzar un poco los recuerdos. Los años dorados de la lencería femenina, siguiendo el recorrido expositivo, van desde 1830 a 1914.
Casi un siglo con profusión de bordados, encajes y cintas. Tiempos de prendas muy ajustadas al busto y faldas amplias.
Allá por 1850 apareció el mariñaque. Sí, sí, mariñaque. Se trataba de un armazón flexible realizado con varillas de acero para dar volumen a los vestidos. Veinte años después se sustituyó por el polisón, que acentuaba más el trasero femenino.
La mujer bien vestida llevaba camisa ceñida por el corsé, un corsé embellecido por lazos y encajes; además, llevaba otro cubrecorsé, enagua del mismo largo que la falda y hasta un refajo.
En 1914 cambian las tornas. Cambian las formas exteriores y, también las interiores. La mujer comienza a liberarse, a incorporarse al trabajo y se reduce la vestimenta.
Entre 1920 y 1940 las cosas se mueven entre la elegancia y la austeridad. Hay un cambio profundo. Faldas más cortas, ligueros, menos bordados, más colores, pijamas y camisón. En los 40 se empiezan a considerar otras cuestiones como el sentido práctico y duradero.
Pero en los años 50 la lencería se hace más sensual, para resaltar la belleza y para la seducción, acabando los 60 con la minifalda y el pantalón y desapareciendo las ligas y los ligueros y hasta la ropa interior.
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