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El Naturhouse arrolla al Dunkerque en una segunda parte digna de un equipo grande
Balonmano | liga ehf

El Naturhouse arrolla al Dunkerque en una segunda parte digna de un equipo grande

El equipo riojano da una vuelta más al adjetivo «histórico»: ya está en semifinales de la EHF

PABLO ÁLVAREZ

Lunes, 5 de abril 2010, 20:12

Al Naturhouse le empieza a faltar cielo. El Naturhouse vuela, el Naturhouse vuela... y nadie sabe cuándo querrá aterrizar. Lo de 'histórico', que ya se utilizaba cuando comenzó esta temporada, empieza a quedarse pequeño. Ahí está este equipo, con sus estrecheces y sus condicionantes, colándose en las semifinales de la Copa EHF.

Nunca se ha visto en La Rioja nada igual; ni parecido, en realidad. Quien viviera la noche de ayer del Palacio de los Deportes no la olvidará fácilmente. La comunión entre una grada enloquecida y un equipo lanzado a mil por hora acabó siendo letal para el rival. Ahí está el Naturhouse, en fin. Vuela, vuela... y los sueños de sus aficionados siguen volando con él.

Y no es que fuera precisamente fácil. Qué va. Puede que en el descanso del partido se pudieran contar con los dedos de una mano a los aficionados que predijeran que el Naturhouse iba a acabar arrollando al Dunkerque. Porque los franceses jugaron una muy buena primera parte, suficiente como para que el público logroñés pudiera hacerse una idea de qué gran equipo es éste. Y de cuánto más grande podría ser si no hubiera perdido a algunos jugadores por lesión al inicio de la temporada.

En el partido de Dunkerque se echó de menos a algunos de los hombres con más caché del equipo francés. En especial a Sebastien Bosquet, un zurdo de cuyo gran brazo apenas había habido noticia. Ayer, para el minuto 5 todo Logroño le conocía, después de que el lateral de la selección francesa encadenara un par de cañonazos dignos de la estrella de este deporte que es.

A eso hay que añadirle que el islandés Ragnar Oskarsson buscaba y encontraba a sus pivotes, y que Boisedu, una fuerza de la naturaleza, encontraba la portería de Gurutz Aginagalde con facilidad. Con goles preciosos: uno de ellos, una combinación de Oskarsson que Boisedu finalizó con una rosca imposible, fue muy aplaudido por las gradas logroñesas.

Portero imposible

Eso fue en el minuto 20, cuando el marcador estaba 9-9. Del Naturhouse de ayer se pueden decir muchas cosa buenas, y probablemente la segunda mitad quedará en el recuerdo de todos. Pero quizá tenga tanto mérito haber aguantado al Dunkerque en pleno chaparrón de sus mejores hombres. Y en pleno recital del portero Siffert, que se fue al descanso con un registro que hubiera desesperado a cualquier equipo: 14 paradas de 26 tiros, una auténtica barbaridad.

No es que Gurutz Aginagalde estuviera muy lejos, en realidad, porque el portero del Naturhouse estaba ya en 10 de 22. Pero lo de Siffert era sideral, casi imposible. Y pese a todo, el Naturhouse no se vino abajo, supo seguir atacando y defendiendo con acierto, guiado por un Víctor Vigo que se ha convertido ya en lo que prometía cuando llegó a Logroño: un central de equipo grande.

Los franceses habían aprendido del potencial de los centrales del Naturhouse, Vigo y Tioumentsev. Así que intentaron sorprender durante muchos momentos con una defensa muy difícil de ver: una doble mixta sobre ellos, que en algunos momentos convertía el partido en un raro cuatro para cuatro, con los dos centrales y sus dos defensores varados en la línea media del campo.

El Naturhouse sobrevivió a esa difícil primera parte, lo dicho. Y quizá ahí estuvo el mérito. Porque, de repente, en la segunda todo cambió. Los riojanos salieron al campo tocados por una varita mágica: un 6-0 en los primeros 6 minutos de la segunda mitad abrió un hueco que nunca más se llenaría.

Muchas razones se pueden citar para que el Naturhouse se convirtiera de repente en un ciclón. Apetece adjudicárselo al ambiente de la noche única, con un Palacio de los Deportes que va alcanzando la mayoría de edad. En Europa la presión importa, y más cuando el rival peca de inexperiencia.

Porque, y ésa es otra razón muy importante de lo que pasó anoche, el Dunkerque tuvo que volver a echar mano de sus jóvenes cuando sus estrellas se borraron del encuentro. Algunos de ellos lo hicieron literalmente, como Bosquet: un pase horrible, un mal gesto, y su entrenador lo sentó para que no volviera a jugar. Ni un solo tiro en toda la segunda mitad: demasiado poco para alguien de su peso. Oskarsson tampoco apareció demasiado. Solo Boisedu seguía intentándolo, pero ya sin puntería. El equipo de Sylla hubiera necesitado de nuevo lo que le salvó en el partido de la ida: a sus chicos jóvenes.

Pero para ellos fue demasiado el ambiente del Palacio y la responsabilidad de tirar de unos cuartos de final. No pudieron. Y delante tenían a un equipo que había sacado el instinto asesino. Seguía Vigo mandando como un titán, y seguía la defensa (gran Parra en el adelantado) robando un balón tras otro. A Siffert se le había perdido la varita mágica de la primera parte y encima en el Naturhouse había aparecido un invitado inesperado: Miguel Ángel Velasco.

El segoviano, recién salido de una lesión, hizo cosas muy buenas en muy buenos momentos. Los franceses no le conocían: grave error. Velasco fue ayer el arma secreta del Naturhouse.

Los riojanos por fin encontraron quién les metiera los penaltis, Paco López. Y los franceses nunca se volvieron a meter en el partido, y no era extraño. Delante de ellos, el Naturhouse volaba, a la vez que volaba su público. Están en semifinales. Qué grandes.

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