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Alberto López ganó el Zapato de Plata. :: M. HERREROS
DOS NOVILLEROS A HOMBROS
COMARCAS

DOS NOVILLEROS A HOMBROS

JUAN CRUZ GASTÓN

Lunes, 22 de marzo 2010, 01:34

Dos novilleros a hombros y un novillo a los corrales es el balance de la final del IX Zapato de Plata de la ciudad de Arnedo. Tarde de contrastes, mezcla de triunfos y fracaso. Fracaso el del novillero sevillano Juan Ortega por culpa de su deficiente manejo de la espada, lo que no quiere decir que el chico no hiciera cosas buenas y menos buenas. Lo de la espada tiene su perdón y maneras tuvo el sevillano, doblándose toreramente en los inicios de la faena en su primer novillo, que tuvo buen son en el tercio final. El chico logró muletazos de buen trazo, pecando de ponerse muy encima del burel, por lo que hubo demasiados tropezones en el engaño y algunos achuchones del novillo repetidor. En el cuarto, un novillo noble, claro e incansable en sus embestidas, volvió a pecar del mismo defecto de ahogarlo, aunque logró muletazos lucidos y ligados por ambos pitones. Lo curioso es que después de más de cuarenta muletazos el novillo seguía pidiendo guerra. Una pena.

Alberto López Simón es algo así como un clon de César Giménez. Hasta los andares los tiene similares al matador madrileño. De rodillas empezó la faena de muleta, como tantas veces hace César. También cita despegado y con el pico de la muleta y los muletazos lleva al toro hacia las afueras. Encastadito fue su primer novillo y el madrileño, bajo mi punto de vista, no estuvo a su altura pero gustaron sus maneras, que le valieron el Zapato de Plata. Tras pasaportarlo de espadazo precedido de un pinchazo, se llevó la oreja. Bueno también fue el quinto de la tarde y los mismos gestos, las mismas pausas y las mismas maneras de César, su mentor, ofreció el chaval. Brindó la muerte a Diego Urdiales, el triunfador del día anterior. Comenzó también de rodillas en el platillo de la plaza, por derechazos y por alto. Cambiado en el centro y alto; cambiado y alto con el de pecho, y el público con el torero. Luego, muchos muletazos por los dos pitones pero poco toreo, tan poco que le costó cuadrar al morlaco, metiendo la espada atravesada con salida y dos descabellos. Otra oreja. Qué bien.

El ecijano Ángel Jiménez cortó una oreja a cada novillo. Para un servidor hizo, con diferencia, lo más torero de la tarde. Bueno, quiero decir que toreó bien con la muleta, porque el capote lo maneja como un látigo. Pocas fuerzas tenía su primer burel, aunque nobleza larga que aprovechó mientras tuvo fuerzas. Dio algunos naturales y derechazos en redondo que tuvieron categoría. El que cerró plaza fue un novillo encastado hasta decir basta. Comenzó la faena de muleta en el platillo de la plaza y aguantó con valentía ese obús que se le vino al galope. Luego le enjaretó series por los dos pitones pletóricas de aguante, destacando unos bellos naturales ligados. No fue novillo fácil. Había que tener temple y valor y el chaval lo tuvo. Me gustó el novillero y el novillo.

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