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Goleada por la vida
FÚTBOL

Goleada por la vida

Más de 5.000 aficionados acudieron anoche al partido benéfico contra el cáncer

MARÍA CASADO

Sábado, 13 de enero 2007, 02:51

Así, los 5.500 aficionados, deseosos de ver estrellas, se rindieron a la causa y con los acordes del himno del Club Deportivo Logroñés, el ambiente fue retomando el cariz de otros tiempos, no tan lejanos. Pero ayer Las Gaunas supuraba la nostalgia por todas las esquinas; demasiados ingredientes se unieron anoche para hace que, incluso, regresaran los que han abandonado el Municipal desde hace mucho tiempo.

Y es que mereció la pena volver a disfrutar de detalles y grandiosidades que, a pesar de los años de los futbolistas, siguen intactas: el pundonor de Marcelino, la sutileza de Gallego, las botas blancas de Alfonso, las medias rodeando los tobillos de las piernas arqueadas del Tato Abadía, los brazos pegados al cuerpo en las carreras de Fernando Hierro, la camiseta por fuera de Setién, las incansables idas y venidas de Lucho Iturrino, los controles de espaldas del jerezano Kiko, las veloces internadas de Víctor Morales por la izquierda, la finura de Aragón en el centro del campo... Muchos momentos unidos en uno sólo, dispuestos ya para guardarse en la corta historia del nuevo Las Gaunas y en la vasta memoria de los logroñesistas.

Sin embargo, más allá de esa sensación de añoranza, el partido fue una fiesta del fútbol. Los niños esperaban ansiosos la salida de sus ídolos. «¿Queremos una foto con Kiko!», gritaban Antonio, Juan y Mario con la camiseta del Atlético de Madrid, aunque sean demasiado jóvenes para haberlo visto jugar. Pero eso no importó.

Tan sólo los mayores recordaban a las viejas glorias que corrían por el césped, aunque todos aplaudieron las buenas jugadas que se vieron. Pronto el balón se movió a buen ritmo y enseguida surgieron las primeras ocasiones de Kiko y Alfonso. Ellos serían precisamente los protagonistas del primer gol, en el minuto 10. Después, el fútbol se llevó toda la atención y Quevedo comenzó a marcar. Pero el resultado de 2-5 fue lo de menos, aunque casi todos los goles nacieran de buenas combinaciones. El público se alborotó con el gol de cabeza de Setién viniendo desde atrás, aplaudió los cambios y el gol de Rosagro, dio ánimos al lesionado Hernáez. Se goleó a todo: al cáncer, a los miedos..., pero no a la ilusión.

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