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A. S.
Jueves, 12 de octubre 2006, 03:05
Tras la plaga del 2005, los albergues y el Gobierno de La Rioja decidieron tomar medidas. Así, todos los establecimientos fueron fumigados durante el invierno. «Por esa razón, este año sólo hemos sufrido casos aislados», explican en el albergue de Logroño. Lo mismo argumentan en las hospederías de Navarrete, Ventosa y Calahorra.
En Nájera, por su parte, fumigaron en diciembre del año pasado, época en la que menos peregrinos acuden al Camino. «Nunca nos habíamos encontrado con algo como aquéllo», subrayan desde este albergue. En la actualidad, los responsables del establecimiento en Nájera suelen preguntar a los peregrinos si han sufrido los picotazos de las chinches durante la Ruta.
Pero los mayores problemas los han sufrido en Grañón y en Azofra. El párroco de la primera localidad, que también regenta el albergue, recuerda que cerraron dos días en la primavera pasada para realizar una fumigación a fondo. «La empresa que hizo el trabajo nos garantizó un año de limpieza», continúa Silanes, que agrega: «La semana pasada, tuvieron que desinfectar los albergues de Belorado y Tosantos (frontera de Burgos con La Rioja), así que podemos decir que han pasado por Grañón pero, por suerte, no se han quedado».
En el albergue de Azofra, realizaron la última limpieza hace un par de semanas. «Durante la primavera y el verano, fumigábamos cada tres o cuatro días», indica el alcalde, José Ayala. Se trataba, afirma, de desinfecciones parciales que completaban la limpieza masiva del pasado el invierno. «Cuando hemos tenido problemas en alguna habitación, hemos desinfectado toda la planta y los concejales y yo hemos vaciado hasta diez botes de 'Bloom' 'Cucal' o de 'Raid'», destaca el alcalde, antes de asegurar: «Las chinches son tan desagradables que he llegado a soñar con ellas». Unos peregrinos inesperados se han incorporado al Camino de Santiago. Desde hace un año, buena parte de los albergues de la Ruta Jacobea se han visto invadidos por las chinches que transportan los peregrinos. En La Rioja, los parásitos dieron problemas, sobre todo durante la primavera y el verano pasados, en Azofra y Grañón. El descenso otoñal de las temperaturas ha ayudado a reducir el número de chinches, pero los responsables de los albergues se mantienen en alerta.
Fuentes de la Federación Española de Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago, con sede en Logroño, explican que todavía no se ha detectado dónde se encuentra el foco de los insectos. «Ése es el gran problema. Aunque los albergues se desinfectan en profundidad, los peregrinos siguen trayendo chinches», relatan en la Federación. El Gobierno de La Rioja, por su parte, afirma que «los establecimientos se desparasitan todos los años, pero es inevitable que los peregrinos vuelvan a llevarlos».
Los caminantes no sólo transportan las chinches, sino también sus huevos, enganchados en las mochilas, en las ropas y en los objetos personales. En muchas ocasiones, el portador ni siquiera es atacado por el insecto, pero sí extiende la plaga por las casas de acogida.
En las últimas fechas, las chinches ha causado problemas graves en los albergues situados entre Burgos y León. De hecho, el convento de las madres benedictinas de León, 'Las Carbajalas', tuvo que cerrar sus puertas el pasado fin de semana para una fumigación de urgencia.
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