Lobos
RUBÉN LAPUENTE
Viernes, 7 de abril 2017, 00:37
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RUBÉN LAPUENTE
Viernes, 7 de abril 2017, 00:37
Siempre lo parirá la sierra. Con esa lejana mirada de aviso, de amarga miel. Ha regresado a su refugio de estrellas con el eterno pecado de aparecerse en la garganta de una oveja. ¿Cabe esperar otra cosa de un animal carnicero? ¿En tu casa dormiría el jilguero en el cubil del gato? ¿No es absurdo poner el grito en el cielo? ¡Ah! Que los rediles son de viento. ¡Ah! Que el negocio no da para un pastor. ¿Me dices que en aras del beneficio, habría que acabar con el lobo?
Viene con la misericordia de un decreto sobre sus lomos que le vuelva a recortar en el ocaso su silueta. Pero. ¡Por cuántos caminos le van dejando una dulce carnada de muerte! ¡Oh qué camarillas de bar! ¡Qué estrago hacen!
Y es que sólo mata por matar el hombre: ¿El peor animal sobre la tierra?
Venía de amamantar un imperio y Perraut, los hermanos Grimm, le hicieron un flaco favor feroz. Y otro, lo iba paseando de sanguinario licántropo.
¿Sabes que ama a su hembra hasta la muerte? ¿Que son fuertes, nobles, inteligentes? ¿Que su manada es una escuela de vida? Ya quisiéramos tener los valores del lobo.
Cuando te pidan tus niños que les leas un cuento, donde diga lobo feroz o que viene el lobo, ¿por qué no te atreves a cambiarlo? ¿Qué tal sonaría político corrupto o ruin banquero? Sí, ha vuelto el lobo a la sierra riojana, desmitificarlo como animal sanguinario, con la leyenda negra y falsa que aún subsiste, es una tarea difícil de ganar.
Dejemos al lobo existir en su estado natural, le da igual si no hay luna llena. Dejémoslo aullando en la noche, su pureza.
cartas@larioja.com
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