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MELCHOR SÁIZ-PARDO
Sábado, 11 de abril 2015, 00:36
«Un verdadero desastre. Increíble. Cuando llegamos allí, lo primero que tuvimos que hacer es dejarnos el pellejo para sacar a dos gendarmes (marroquíes) que estaban atrapados en la pared». Fuentes cercanas a los tres guardias civiles de los Grupos de Rescate Especial de Intervención en Montaña (Greim) y a los tres policías de los GEO que viajaron a Marruecos a ayudar a los espeleólogos españoles accidentados en la garganta de Uandras tacha de «dantesca» la situación que se encontraron cuando el pasado domingo, poco antes de la caída de la noche, por fin lograron llegar a la sima en la que se encontraban Gustavo Virués, José Antonio Martínez y Juan Bolívar.
Lo primero que aclaran los rescatadores españoles es que cuando ellos llegaron a Uandras tanto Virués como Martínez habían muerto. No quieren hablar de las circunstancias del fallecimiento de ambos -sobre todo de las supuestas negligencias en la operación de Martínez- porque los agentes de la Policía y la Guardia Civil solo pudieron llegar al barranco a última hora de la tarde del domingo, después de un viaje en avión hasta el aeródromo de Uarzazate y, desde allí, otro trayecto en helicóptero hasta el campo base de la Gendarmería marroquí, que distaba media hora a pie de la garganta. Los agentes españoles, no obstante, aclaran que desde el viernes ya estaban preparados para despegar.
Cuando por fin llegaron a la sima el domingo, el superviviente, Juan Bolívar, ya había comenzado a salir de la garganta por sus propios medios y en compañía de un guía local. Lo que vieron y lo que les contaron, afirman, les espantó. Al fondo de la sima, los rescatadores habían colocado en una misma camilla los dos cuerpos de los españoles fallecidos junto a sus pertrechos. Y habían intentado sin éxito subir todo en un solo bulto, a pesar de que era evidente de que era demasiado peso y, por tanto, habían fracasado en sus intentos.
Pero más grave era la situación en la pared vertical, donde dos gendarmes marroquíes, muy mal pertrechados y sin apenas ropa técnica, estaban «literalmente atrapados» en la cornisa de 400 metros de altura. El primero de los agentes marroquíes se encontraba colgado de una cuerda en un desplome y estaba bloqueado. Al parecer, uno de los nudos de fricción con el que bajaba (un prusik) se había atascado en el «rudimentario dispositivo descensor» (un ocho) que usaba, probablemente por el mal estado del material y por lo arcaico del sistema.
Y el rescatador se había quedado sin poder bajar o subir, ante la mirada de sus compañeros, que no tenían más cuerdas ni pertrechos para ayudarle.
Situación complicada
La situación del segundo gendarme era igual de peliaguda. Este agente, por motivos que no saben precisar las fuentes españolas, se había quedado también atrapado en un saliente. Al parecer, este gendarme llevaba en esa repisa más de un día, sin ropa suficiente y sin que sus compañeros pudieran haberle facilitado abrigo ni comida durante esas horas.
Antes de que cayera la noche, los guardias civiles hicieron una nueva «instalación de cuerdas», paralela al precario montaje que habían hecho los miembros de la Gendarmería, y sacaron de la sima sanos y salvos a los dos marroquíes. Solo al día siguiente, el lunes, los guardias civiles, con la coordinación desde la superficie de los tres GEO, lograron rescatar los cuerpos y los pertrechos. No fue, admiten los agentes españoles, una operación fácil por lo abrupto del terreno, la continua abrasión de las cuerdas y el ensordecedor ruido de las cascadas de agua.
Los expertos españoles consideran «inexplicable» que la Gendarmería intentara con esos medios tan precarios, con el uso de nudos dinámicos y sin verdaderos mecanismos modernos «descensores» un rescate tan complejo, pero aún más «increíble» es, a su juicio, que no aceptaran, al menos, la ayuda de los 16 miembros del grupo de Espeleo Socorro de la Federación Andaluza que estaban en la zona ya el mismo domingo por la mañana.
Pero es que ni siquiera las autoridades marroquíes, de acuerdo con fuentes participantes en el rescate, aceptaron el moderno material (más de dos toneladas de pertrechos) que Espeleo Socorro les ofreció desde el primer momento.
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