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La visibilidad como terapia imprescindible

La Rioja desarrolla un programa de prevención de la conducta suicida, un ámbito en el que los expertos abogan por hablar y derribar tabúes y falsos mitos

R. G. LASTRA

Domingo, 25 de junio 2017, 23:54

El suicidio, favorecido por siglos de tabúes y falsos mitos, es hoy la primera causa de muerte por razones externas o no naturales. La invisibilidad, el pacto de silencio y la inacción de las administraciones han privado del apoyo necesario a millones de víctimas, un panorama que los expertos abogan por cambiar en una estrategia similar a la realizada con la violencia de género. Así, defienden la necesidad de hablar en vez de dar la espalda al problema, visibilizar el drama y desarrollar planes de prevención dotados de recursos económicos y humanos.

El III Plan de Salud Mental de La Rioja cuenta con una línea estratégica materializada en la creación de un grupo de prevención del suicidio que trabaja desde hace cinco meses en el desarrollo de un programa de prevención y en un protocolo específico para la detección de personas con ideación suicida.

«La mayoría no quiere quitarse la vida, lo que pasa es que se le hace muy difícil vivirla por una situación de angustia o sufrimiento. El suicidio no es ninguna solución por eso es clave que la persona que esté teniendo ese tipo de ideas o sensaciones las hable porque hay herramientas, tratamientos e intervenciones psicológicas y farmacológicas. Lo que buscamos es prestar ayuda para que las personas que tienen esas tendencias o ideas sepan que su muerte puede evitarse», explica el psiquiatra Miguel Ángel Ortega, jefe de Salud Mental del SERIS.

«No podemos hacer prevención si no hablamos de lo que está sucediendo y ésta es una realidad y, además, muy preocupante. El tema es cómo hablamos y cómo trabajar todos desde los ámbitos en los que cada uno estamos, y la prensa tiene una labor fundamental, para poder ayudar a quien en esa situación de sufrimiento y a su entorno», coincide Magdalena Pérez Trenado, psicóloga y presidenta del Teléfono de la Esperanza.

«Se desconoce la dimensión real del drama porque solo se puede acreditar que una persona se ha suicidado si ha dejado una nota de despedida, algo que hace un porcentaje pequeñísimo, o si ha habido testigos. Por eso hay muchos fallecidos de suicidio que, ante la duda, acaban catalogados como accidente», destaca Javier Jiménez Pietropaolo, psicólogo y presidente de la Red AIPIS (Asociación de Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio, www.redaipis.org), quien defiende la necesidad de hablar pero con un matiz: «Hay que hacerlo de manera correcta, jamás con morbo», avisa, para reclamar la puesta en marcha de «un plan de prevención de conductas suicidas a nivel nacional, pero de aplicación local y, sobre todo, dotado de presupuesto y de recursos humanos».

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