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L. J. R.
Miércoles, 8 de febrero 2017, 00:06
Raquel Palacios e Inmaculada Calle, trabajadoras sociales del Gobierno de La Rioja, están al frente del servicio de mediación intrajudicial penal de menores. Ellas son las que se encargan de gestionar un proceso que, explica Calle, «busca la reparación» a través de diferentes encuentros y que, en ocasiones, se refuerza con la participación en diferentes talleres de habilidades sociales y otros programas. Entre ellos 'Tikún Olam' (en hebreo, reparar el mundo), premiado por el Consejo General del Poder Judicial.
«Todo es voluntario y consensuado. Intentamos que el menor se concilie con la persona a la que ha causado el daño y le repare de alguna manera», detalla Calle, que explica que buena parte del trabajo se centra «en la empatía, en que se dé cuenta de que sus hechos tienen consecuencias».
El éxito (llegar a un acuerdo) en la mediación de menores es muy elevado (95%). «Suelen ser menores que han cometido su primer delito y se intenta evitar la reincidencia, que se responsabilicen de sus actos», abunda Calle sobre un proceso en el que no siempre hay un cara a cara final entre las dos partes: «Muchas de las víctimas prefieren que no haya encuentro. Será, más o menos, la mitad de los casos». Y cuando lo hay, prima la educación: «Siempre debe ser desde el respeto. Hay algunos que llegan más nerviosos, pero se actúa desde el respeto».
Además, en los casos en los que la víctima rechaza participar en la mediación, se realiza una «reparación indirecta. Suele ser una carta en la que el infractor pide perdón a la otra parte».
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