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Pablo García Mancha
Martes, 9 de junio 2015, 10:59
«La gente piensa que yo lo decido todo en el partido y en el Gobierno. Y no es verdad», explica Pedro Sanz a punto de disfrutar de un par de huevos fritos con pimientos y una ensalada de tomates hidropónicos de Zarratón en el Soldado de Tudelilla, donde lo recibió Manolo García con sus singulares chanclas rojas y un porrón, del que Sanz tira con la habilidad necesaria para que ni un hilillo de vino se precipite por la comisura de sus labios. Y claro, si el vino se queda todo dentro quizás haya posibilidades de que algo se le pueda escapar en la conversación.
Queda claro que ésta es una cita informal, previa al Día de La Rioja y al compás de unas negociaciones con Ciudadanos de las que dependen su futuro en el Palacete, o no, puesto que en política «nunca se sabe», como el mismo Sanz asevera con su media sonrisa semítica. Y es que el presidente reconoce que el cargo, y más en su caso tras veinte años en el poder, «te hace llevar a cabo una serie de poses que contaminan y tapan lo que hay detrás de una persona. Sé muy bien que para ciertos sectores tengo una imagen autoritaria y paternalista, que los periodistas me llamáis Pedrone, pero te aseguro que es ficticia».
El presidente en funciones quiso que se le tuteara y no tuvo reparos en ahondar en ningún tema, desde los más personales y el orgullo que siente como abuelo hasta los más vidriosos: «Tengo muy tranquila la conciencia con la cuestión de la sede y los papeles de Bárcenas». Y ofrece su versión de la historia: «Buscamos el local, pedimos el crédito por apoderamiento de la cuenta nacional del partido y desde Madrid se nos envió los 200.000 euros que habíamos solicitado. Nosotros no sabíamos nada, y de repente en los famosos papeles apareció esa cantidad con la anotación entrega de La Rioja. ¿Por qué no pone el nombre de quién le dio el dinero cómo aparece constantemente en dichos documentos? No tengo respuesta. Lo que pensé es que alguien de allí pidió un dinero a alguien de aquí y lo metieron allí. El PP de La Rioja carecía de motivos para realizar dicha maniobra; de hecho pedimos dinero a los afiliados para pagar la sede; yo puse mil euros como donativo y se llegó hasta los 80.000. Qué necesidad teníamos de llevar un dinero desde aquí a Madrid para luego cogerlo otra vez y pagar la sede. Es absurdo. Por eso el juez dice en su auto que presuntamente pudiera ser, sin acusar directamente a nadie. No hay nada», aunque asegura sentirse asqueado ante la corrupción: «No me podía imaginar lo de Rato, eso ha sido un golpe durísimo para todos».
En la distancia corta gana la persona: «Yo llegué a la política sin una idea clara de lo que iba a suceder conmigo porque no me preocupaba ni tenía necesidad; yo era un hombre feliz en el Marqués de Vallejo en un mundo que siempre me ha apasionado, el de la discapacidad, donde he aprendido valores y sentimientos que me marcan en cada momento. Por eso te aseguro que no se hace lo que yo digo. Todos los lunes nos reunimos los principales cargos del partido y de las instituciones. Valoramos y tomamos decisiones. Cuando no se llegan a acuerdos entonces aplico el voto de calidad, pero las compartimos. Y la sensación del autoritarismo que decís los periodistas es porque al final se le pone cara y ojos a todo y porque en muchas ocasiones no comunicamos bien las cosas».
«¿Qué es eso?», contestó Sanz cuando se le preguntó si era de derechas. De igual manera que reconoció que «los políticos somos muy enredadores y no estoy muy seguro de que vayamos a aprender de lo que los ciudadanos nos dicen cada día. Ahora hemos entrado en una etapa distinta, sin mayorías absolutas; y como este país es pendular, se pasa de un lado a otro. Eso sí, espero que no volvamos nunca a esos tiempos en los que dependíamos de CiU o del PNV. Ahora estamos en un proceso diferente porque los interlocutores son distintos. Ya veremos lo que sucederá», matiza sin olvidar cómo era aquella Rioja que cogió en 1995: «Estaba por hacer; tanto es así que en una ocasión cogí un tren a Madrid y me fui sin que nadie lo supiera a rematar a la capital una transferencia con un ministro. Qué tiempos y qué negociaciones».
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