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C.S.
Domingo, 7 de septiembre 2014, 00:16
Los molinos se situaron en ríos, riachuelos y torrentes. Y cuando no había suficiente caudal, se construían presas para su almacenamiento, con lo que se garantizaba una operatividad casi permanente hasta en zonas con escasos recursos hídricos.
El funcionamiento de los molinos de agua es sencillo. Una rueda de aspas que se mueve con la fuerza del agua y cuyo eje mueve la rueda del molino que gira sobre otra rueda, como pueden apreciar en el gráfico de arriba. El cereal, trigo, cebada, centeno se depositaba en una tolva de la que iba cayendo el grano lentamente entre las dos piedras. Las denominadas muelas se preparaban con piedra de las distintas localidades.
Canteras junto a los ríos
En La Rioja se han descubierto canteras en las cabeceras de los ríos Linares, Cidacos, Jubera, Leza e Iregua. Muchas de ellas estuvieron en pleno funcionamiento hasta el siglo XIX. De hecho, todavía hoy pueden apreciarse algunas en las proximidades de Robres del Castillo en las que hay piedras sin terminar de tallar ni extraer de la cantera.
Desde el siglo XVIII, muchos de los propietarios de molinos decidieron traerlas de Francia, concretamente de la zona de Jouarre, por lo que se hablaba de las muelas francesas. En las muelas, una fija y otra volandera, se realizaban una serie de estrías, iguales en las dos, pero colocadas en sentido inverso, para facilitar el movimiento y salida de la harina. Con el rozamiento cotidiano, los dibujos de estrías se iban desgastando, por lo que era preciso un mantenimiento.
Hoy, todavía, no es difícil imaginarse algunos aspectos de la industria molinar en cada una de las zonas de La Rioja, en muchas de las cuales predominaba el cereal como elemento básico y necesario, y el viñedo, hasta que llegó la electricidad e iniciaron una decadencia irreversible.
Los agricultores cargaban el grano en los mulos, en carros y carretas hasta el molino (comunal, de la Iglesia y monasterios y de particulares). Muchos de los molinos fueron propiedad de los concejos y otros arrendados a particulares. Entre la maquila y la sisa, la industria molinar se llenó de pleitos que todavía se recuerdan.
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