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TV

Las guerras correctas

MIKEL LABASTIDA

Sábado, 28 de febrero 2015, 22:37

En el madrileño Teatro del Barrio se revive hasta el 1 de marzo el cara a cara que en 1995 protagonizaron Gabilondo y Felipe González, en el que el primero arrinconó al segundo preguntándole por su implicación con los GAL. Pocos meses después el líder del PSOE perdía las elecciones frente a Aznar, y no son pocos los que creen que esta entrevista influyó mucho en los fatales resultados. El valenciano Gabi Ochoa recordó el potencial de aquel momentazo catódico y lo convirtió en una obra de teatro. Y tuvo buen ojo, a juzgar por el excelente producto final. La pieza se convierte en un recomendable documento sobre los entresijos de la política (tema con escasa presencia en películas, series o montajes escénicos de nuestro país). Además recuerda la influencia que puede tener el periodismo cuando se ejerce bien pero, sobre todo, cuando dejan que se ejerza bien.

Y es que al salir de ver 'Las guerras correctas' a uno le invade la sensación de nostalgia de un tiempo pasado, aquel en el que en la televisión se hacían entrevistas de fuste a los políticos, de esas de las que todo el mundo hablaba al día siguiente. Porque era un tiempo en que los políticos sentían que tenían la obligación de comparecer ante la opinión pública para dar explicaciones de cualquier asunto, por peliagudo que fuese. Eso ya no pasa. Miedo me da elucubrar sobre qué cuestionarios de los actuales se podrían llevar a un escenario en un futuro. Igual si le pides a alguien que cite la última entrevista potente que vio en la tele te responde que una de Mercedes Milá a un concursante de 'Gran Hermano'.

Quizá haya quien piense en alguna de las que han hecho Jordi Évole o Ana Pastor, pero ninguna (por incisiva u oportuna que fuese) se podrá considerar histórica como lo fue la de Gabilondo a González. Habría estado bien ver en una tesitura similar a Rajoy con un periodista preguntándole si siendo presidente del Gobierno envió a Bárcenas un SMS pidiéndole que fuese fuerte. O a Ana Mato o a Gallardón siendo interrogados sobre las razones de sus dimisiones. Pero no pudo ser. Ya no se libran guerras de este tipo en la pequeña pantalla. Ni correctas ni incorrectas.

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