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Viernes, 22 de julio 2016, 22:51
Su mayor valor es su historia. El yacimiento del Cerro de San Bartolomé de la Noguera será declarado Bien de Interés Cultural (BIC) por ser considerado «zona arqueológica de excepcional valor dentro del Patrimonio Cultural de La Rioja». La Dirección General de Cultura y Turismo del Gobierno autonómico acaba de incoar el expediente propuesto por la Fundación Dinastía Vivanco, propietaria del enclave, para otorgar categoría de BIC y así «preservar para las generaciones futuras» «este importante conjunto» que reúne en un palmo de terreno dos mil años de historia de La Rioja.
Ubicado en el término municipal de Tudelilla, a poca distancia del pueblo, entre viñas, el Cerro de la Noguera es un yacimiento arqueológico conocido desde 1961, cuando Fernando Fernández de Bobadilla llegó a datar en este lugar un pequeño poblado berón del siglo III a. C. y aventuró que pudo ser sucedido por asentamientos de distintas épocas. Y no se equivocaba.
Posteriores excavaciones desarrolladas, primero por Pilar Sáenz Preciado entre el 2002 y el 2006, y por Carlos López de Calle y Juan Manuel Tudanca a partir del 2010, han demostrado que, el Cerro de la Noguera albergó una villa romana (ss. I-III d. C.) dedicada a la explotación de cereal, aceite y vino -quizás la bodega con más historia de La Rioja-; un monasterio medieval (ss. XII-XV) también agropecuario, con necrópolis y una iglesia dedicada a San Bartolomé; y una granja cisterciense (ss. XV-XIX).
«La documentación histórica y arqueológica compilada hasta la fecha -argumenta el expediente incoador publicado ahora en el BOR- demuestra que a lo largo de casi dos milenios, La Noguera constituyó el centro neurálgico de una explotación agraria cuya génesis parece estar relacionada con el cultivo de la vid y con el modelado del territorio de nuevo cuño generado alrededor de la vía romana y de la ciudad de al menos desde el siglo I».
En su segunda y tercera épocas históricas de actividad, «esta pequeña porción de tierra era la sede o la referencia nominal de una amplia heredad de la Marca andalusí que, a mediados del sigo XII, fue obsequiada por el rey Alfonso VII de Castilla a la orden del Císter» y, «constituida como una granja de explotación agropecuaria, pasó a formar parte del patrimonio del monasterio de Santa María de Fitero y, desde el siglo XV, del de San Prudencio de Monte Laturce, en Clavijo, del que dependió hasta la desamortización del siglo XIX».
Estas 'tres Nogueras en una' suman la excepcional «riqueza arqueológica generada por la evolución histórica de una antigua explotación agrícola romana que acabó convirtiéndose en una comunidad monástica altomedieval y, finalmente, en una granja cisterciense rectora de un vasto dominio fiduciario».
Y, aunque sus restos materiales, tanto muebles como inmuebles, son modestos, propios de arquitecturas populares que utilizaban aparejos funcionales, su mayor valor es inmaterial: «A lo largo de casi dos mil años, La Noguera fue el alma de un territorio cuya prosperidad fue cimentada en los modelos de explotación agraria de la sociedad romana, del modelo feudal de los reinos cristianos peninsulares y de la paternalista dependencia señorial estimulada por los monjes cistercienses». Ese gran valor es su historia; dos mil años de La Rioja en un palmo de tierra.
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