Secciones
Servicios
Destacamos
PABLO GARCÍA MANCHA
Sábado, 31 de marzo 2012, 19:47
Cinco minutos después de comenzar la huelga supe exactamente en qué consitía la labor de un piquete informativo. Unas cincuenta personas equipadas con pegatinas de UGT me acorralaron sobre un coche, me insultaron, me increparon y me obligaron a que les diera una cámara de fotos con la que retraté su intento de cerrar el bar Romasanta de Logroño.
Sobre las 00,15 horas del jueves, comenzaron a gritar eslóganes como «¡este bar lo tenemos que cerrar!»; lanzaron un petardo, y Romasanta acabó en dos minutos bajando su persiana ante el estupor de las personas que estaban dentro y los encargados del local.
Yo estaba fuera con mi mujer, saqué el móvil y comencé a hacer fotos. Uno de los piqueteros se percató y empezó a amenazarme y a poner la mano frente al objetivo. Otro de los del grupo del grupo dijo en alto: «¡Es periodista de LA RIOJA, un fascista y un hijo de puta!». Se sumaron otros piqueteros más y en apenas medio minuto estaba rodeado por unas cuarenta o cincuenta personas que me daban manotazos y metían las manos en mi bolsillo para quitarme la cámara.
Escuché de todo: «Asesino, nazi, mataobreros, cobarde, vendido, pepero...». Recuerdo especialmente la cara de otro, con su pegatina ugetista, que en voz alta me acusó de escribir al dictado de Emilio del Río. Uno más, con bigotes y muy mal encarado, me exigió que le diera la cámara chillándome y rodeándome con sus brazos. Fueron seis o siete minutos de infarto hasta que las cosas se fueron calmando. Alguien debió de llamar la policía y al ver los coches dejaron de increparme y pude salir indemne de semejante lance.
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Publicidad
Publicidad
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.