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OJO DE BUEYBERNARDO SÁNCHEZCARAS, CARETAS Y CAROTAS
Domingo, 13 de diciembre 2009, 02:19
Me despierto un día de esta semana con una noticia que parecía sacada del sueño que acababa de dejar: los chinos alucinan con las patas de pollo. Y no sólo alucinan: importan anualmente 26 toneladas de patas de pollo. Aníbal Vallejo se preguntaba hace unas semanas en cuántos millones de pollos es necesario sacrificar sólo para cubrir la demanda china. De entre todas las carnes de pollo, los chinos -sobre todo los más jóvenes- prefieren, por lo visto, la americana. «Patas gigantes, las jugosas patas que los chinos realmente aman», certifica el New York Times. Nada de patas amarillentas, sino las suculentas extremidades del pollo frito de Kentucky. Es comprensible este fetichismo gastronómico. Cualquier país en vías de desarrollo o egresado de una revolución cultural pasa por una etapa de fijación con las patas de pollo. Nos pasó a los españoles. ¿No se acuerdan de las famosas patas de pollo de ? La película de Saura se estrenó a finales de enero de 1976, sólo unas semanas después de que muriera Franco, y había una secuencia en la que la niña Ana (Torrent) abría el frigorífico de su casa y lo que se encontraba en su interior era un plato de patas de pollos. Si la película la vieron en su día 1.292.417 espectadores -según cifras oficiales- hubo 1.292.417 interpretaciones sobre el significado de las dichosas patas (éstas sí, amarillentas, como pasadas de fecha), casi todas ellas centradas en el cadáver del franquismo o en la herencia del padre (o del padre del franquismo). A mí, que vi en el Astoria un domingo, me impresionaron mucho más los pechos de Florinda Chico que las patas de pollo, quizá porque con la edad de Ana yo, patas como aquéllas me las comía cocidas y con fritada, o sencillamente churrascadas sobre el fogón de la cocina económica de la casa de mi abuela. Y no tenían más misterio, ni se me antojaban exquisitos exvotos surrealistas. Pero los pechos de Rosa, la criada que hacía Florinda, ¡amigo!, eran otra dieta y otro misterio y toda una patria de metáforas nutricias. Los chinos de hoy en día abren sus frigoríficos y se encuentran de todo, pero tienen debilidad por las patas de pollo. Hay que mandar allí a nuestros críticos de cine, a ver qué opinan del fenómeno. Aunque yo creo que es la realidad la que viene emplatada así. Tú abres cualquier día la prensa y es como abrir un frigorífico de Saura: todo lo que te encuentras son patas de pollo (cuando no de banco). Lo abre González Sinde y se encuentra a los amigos de «compartir contenidos» en compañía de internautas como Pons. Se abre el frigorífico de Copenhague y ya huele a podrido en la bandeja de la verdura (por un problema de descongelación). El premio Nobel de la Paz abre el frigorífico de Afganistán y se encuentra con 30.000 soldados más. El parado calagurritano del cartel abre su frigorífico y se encuentra una multa de 90 euracos. A Rodríguez Zapatero le abren continuamente todos los frigoríficos y todos los frentes (desde Mauritania al PIB) para dejarlo helado. Y Aminetu Haidar abre el frigorífico y sólo hay un plato de arena.
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