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ISABEL IBÁÑEZ
Miércoles, 14 de octubre 2009, 10:06
Es algo similar a lo que puede verse en la película (1984), de Montxo Armendáriz: la escena en la que un niño se sube a una carbonera, el terreno cede y acaba engullido y con las piernas quemadas hasta que logran rescatarlo. Salvando las distancias, es una situación que lleva mucho tiempo produciéndose en los alrededores de las tablas de Daimiel, el primer paraje declarado Parque Nacional de la España húmeda (1973). Es más, los carteles que avisan de este peligro amarillean ya de viejos. Ocurrió hace 25 años: el biólogo especialista en botánica Emilio Blanco paseaba por los alrededores del castillo de Calatrava la Vieja, a escasos siete kilómetros del límite de las Tablas, «cuando se hundió en el suelo y quedó atrapado quemándose las piernas», recuerda José Manuel Hernández, ecologista y miembro desde 1986 del Patronato de este parque. «Le sacamos como pudimos. Luego he conocido más casos. Porque el incendio subterráneo que ahora sale en las noticias lleva tres décadas acechando las tablas por norte y sur. Esto no es ningún episodio extraordinario. Alguien debería ir a la cárcel por haber matado un río».
Las Tablas de Daimiel (tabla: parte en que, por haber poca pendiente, un río corre más extendido y plano, de modo que casi no se nota su corriente) tenían que estar cubiertas de agua, pero los planes de desecación de la posguerra, las sequías y la proliferación de pozos legales e ilegales para el regadío han logrado que los cauces del Guadiana y el Cigüela, que alimentaban la zona, se secaran. Como consecuencia, desde el 2005 Daimiel es un desierto; tan sólo conserva inundadas de forma artificial cinco de las 1.500 hectáreas que deberían estarlo de manera natural. El agua tendría que rebosar, verse en superficie, pero se encuentra a 30 metros de profundidad.
Pero la cosa ha empeorado, porque ahora las Tablas se están quemando por dentro, de forma silenciosa, invisible pero implacable, y difícil de localizar y de extinguir. Hernández, que además de miembro del Patronato de las Tablas de Daimiel como representante de las organizaciones medioambientales pertenece a Ecologistas en Acción, describe el proceso: «Al secarse, empezaron a aparecer grietas en el terreno. Por ahí se coló el aire y oxigenó la turba, combustible fósil a base de materia vegetal acumulada en los acuíferos ahora vacíos. Y con el oxígeno, la turba comenzó a oxidarse y a calentarse, y ha llegado a arder, lentamente, como en un brasero. De forma subterránea. Pero es el mismo proceso que conocemos en los alrededores desde hace muchos años. Los ríos que alimentaban las tablas llevan mucho tiempo quemándose por dentro, aunque fuera de los límites del parque».
Paraíso en peligro
Este incendio, del que los responsables del parque tuvieron constancia en agosto, es la gota que ha colmado el vaso, la chispa que ha encendido los ánimos de los que llevan años y años denunciando «la mayor catástrofe medioambiental en España», como lo califica Hernández. La propia dirección de Daimiel, cuya gestión depende -hasta que los Parques Nacionales pasen a manos de las comunidades autónomas- del Ministerio de Medio Ambiente, reconoce que el daño causado a lo largo de todos estos años es «irreversible».
Soluciones
¿Y qué es lo que España está a punto de perder? Pues el escenario que hasta ahora muestra un espectáculo para los amantes de la naturaleza y, en especial, para los avistadores de aves: el avetorillo común, el predador aguilucho lagunero, las garzas real e imperial, la cerceta pardilla, chorlitejos, correlimos, avefrías, grullas, pato cuchara, la cigüeña negra... También tortugas autóctonas (galápagos europeo y leproso)...
Hernández carga aquí contra la Junta de Castilla La Mancha y la acusa de haber favorecido «a ultranza los regadíos en perjuicio de este humedal pese a la existencia de una herramienta, el Plan Especial del Alto Guadiana -una inversión de 3.000 millones de euros para un uso sostenible de los acuíferos de la zona alta del río-, que si se cumpliera a rajatabla lograría la recuperación, cuando menos en parte, de Daimiel».
Porque, en medio de todo, es optimista: «El daño sí es irreversible, pero esto es como la persona que pierde un brazo, no lo recupera, pero no por ello la vas a sacrificar.
Y, de hecho, es posible que se arregle casi tan bien como antes gracias a una prótesis».
El experto del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Santos Cirujano tacha la situación de «límite» y el peligro, de «extremo». Recuerda que el pasado verano se trasvasaron directamente desde el Tajo diez hectómetros cúbicos de agua, totalmente insuficientes para empezar a regenerar las últimas tablas fluviales que quedan en España (el resto son costeras). Otros ven medidas de este tipo como un parche y abogan por la regeneración, primero, del Guadiana, proveedor de las Tablas. Aunque lo urgente es sofocar el incendio.
«Nunca se ha cerrado un parque nacional con esta importante biodiversidad y nunca una reserva de la biosfera ha sido cerrada», dice el científico Cirujano. Pero es algo que podría ocurrir. La Unesco ya ha dado su ultimatum: el año que viene debe estar preparada la lista de medidas a tomar y para el 2015, la regeneración tendrá que estar en marcha.
De lo contrario, las 25.000 hectáreas de la denominada Reserva de la Biosfera de La Mancha Húmeda (formada por las Tablas de Daimiel -2.000 hectáreas-, los Ojos del Guadiana, el nacimiento de este río y las Lagunas de Ruidera) quedaría descatalogada como tal. «Eso en sí sería ya una vergüenza para el gobierno de la Junta y su política de regadíos -considera el ecologista Hernández-, pero todavía podría ser peor, incluso en lo económico, el que esto dejara de ser Parque Nacional».
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