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La recuperación de las huellas es un arduo trabajo./ JUSTO RODRÍGUEZ
Tras la huella de los dinosaurios
SOCIEDAD

Tras la huella de los dinosaurios

Dieciséis jóvenes han participado en uno de los campos de trabajo que rehabilitan las icnitas de La Rioja

TAMARA GARCÍA

Sábado, 1 de agosto 2009, 02:24

Para decenas de jóvenes, la llegada del verano no significa tumbarse relajadamente en la piscina o en la playa. Los hay que siguen disfrutando del aprendizaje universitario de una manera mucho más práctica y satisfactoria. Como los chicos y chicas que forman los campos de trabajo de los cursos de verano de la Universidad de La Rioja que, con sumo cuidado y dedicación, rehabilitan los extraordinarios yacimientos de icnitas de La Rioja. Y es que todos los cuidados son pocos cuando se trata de preservar el testimonio que unos animales tan fascinantes como los dinosaurios nos dejaron sobre la tierra hace unos 110 millones de años.

Dieciséis estudiantes venidos de diferentes sitios como Madrid, Zaragoza, Bilbao e incluso Turquía, tutelados por seis monitores, forman uno de los grupos que han dedicado durante el mes de julio, siete horas diarias a limpiar y rehabilitar las huellas de los yacimientos riojanos. Una hora teórica sobre paleontología completa la jornada.

Como admite Ignacio Díaz Martínez, uno de los monitores del grupo, «es un trabajo duro pero satisfactorio». Él comenzó como alumno de uno de los cursos hace ocho años, en su primer año de carrera, y desde entonces colabora con Félix Pérez Lorente, profesor y paleontólogo, director de la Fundación Patrimonio Paleontológico de La Rioja y responsable del campo de trabajo.

Cucharillas y pajitas

No existe material específico para la rehabilitación de la piedra así que usan incluso materiales de construcción y mucha imaginación. «Antes soplábamos directamente sobre las huellas para quitar el polvo, hasta que una alumna dijo ¿y por qué no usamos pajitas?», explica Ignacio. Desde entonces las pajitas de plástico forman parte del material utilizado, junto a los alambres, las cucharitas y las escobas. Para sellar grietas pequeñas se aplica resina con una jeringuilla con aguja epidérmica de metal, normalmente usada en caballos; para sujetar piedras de mayor tamaño utilizan mortero.

También se valen de la ayuda de las nuevas tecnologías para su labor: gracias a la fotografía digital se aseguran de que el estado final del yacimiento, una vez levantan las piedras -en caso de ser necesario- y las limpian, respetan la disposición en la que se lo encontraron. Y es que en algunos casos las huellas están formadas por auténticos puzzles de piedras de varios tamaños, cuyo trabajo de acondicionamiento es digno de verdaderos artesanos. Además, para ello cuentan con la atenta mirada y la supervisión de los monitores. Los primeros días el control de los movimientos de los alumnos es muy fuerte pero «a partir del cuarto o quinto día los criterios que tienen ya son muy buenos, se les puede dejar un poco más libres», explica Ignacio Martínez.

La Era del Peladillo

El yacimiento de la Era del Peladillo en Igea, donde el grupo de trabajo ha concentrado todos sus esfuerzos, es una auténtica mina de testimonios del pasado más lejano. Llama la atención ya que en un espacio relativamente pequeño se han documentado 1.766 huellas de diferentes dinosaurios, carnívoros y herbívoros, bípedos y cuadrúpedos. Además en las inmediaciones se han encontrado fósiles de gasterópodos, trozos de hueso y hasta dientes de cocodrilo. Presumiblemente la zona contaba con la presencia de agua ya que las huellas se formaron en barro con carbonato, «seguramente asociado a un lago», cuenta Ignacio.

La zona está pendiente de pasar a ser Patrimonio de la Humanidad, junto a otros yacimientos de la península, incluido Portugal, lo que favorecerá el afán por la conservación de una zona que nos transporta a un tiempo muy lejano.

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