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E. PASCUAL
Domingo, 7 de junio 2009, 12:13
Su sala de Prehistoria lleva el nombre del Premio Príncipe de Asturias y padre de Atapuerca Emiliano Aguirre; la de Paleontología, el de José Luis Antoñanzas, ex presidente de la Sociedad Nacional de Amigos de los Museos; y, desde ayer, la sala de Paleoicnología del Museo de Ciencias Naturales de Arnedo lleva el nombre de José Luis Sanz García, uno de los cinco principales científicos de nuestro país y unido desde hace 30 años al descubrimiento, estudio y puesta en valor de los yacimientos de dinosaurios de todo el territorio de La Rioja,
El descubrimiento de la placa que bautiza a la rica sala, ubicada en la antigua bodega del Palacio del Arzobispo Argáiz, fue el acto central del homenaje que Arnedo y Préjano brindaron ayer, acompañados por muchos de sus amigos, auténticas eminencias de las ciencias españolas, a José Luis Sanz, uno de los principales paleontólogos del mundo y autor de ocho nuevos géneros de dinosaurios. «Desde el 15 de septiembre de 1970, cuando estudiamos el yacimiento de Valdeté en Préjano, lo hemos tenido siempre para enseñarnos, para ilustrar nuestras publicaciones y para separar el grano de la paja en nuestros yacimientos», agradeció el director del Museo de Ciencias arnedano, Santiago Jiménez.
Los actos por el homenaje comenzaron en la tardenoche del viernes en los salones del hotel Virrey, donde Sanz impartió su brillante conferencia 'Fósiles, cultura e historia de la vida', que invitó a comprender y reflexionar a todos los presentes. La jornada de ayer arrancó en Préjano, donde también comenzaron sus trabajos sobre las huellas de La Rioja hace más de 30 años. Su Ayuntamiento y la Asociación de Amigos de la Historia le honraron su labor.
Junto a sus amigos
Ya en Arnedo, el alcalde Juan Antonio Abad le impuso el Zapato de Plata como agradecimiento en una labor «referente para todos los que nos visitan». El Museo era lugar natural para el homenaje. El recorrido en fotografías por décadas de excavaciones en Valdeté, Los Cayos, en los Cameros... mostró a los presentes la trascendencia de esa colaboración entre los riojanos y los catedráticos de todo el país. Junto a Aguirre, Antoñanzas y otros amigos, Sanz sonrió al volver a ver la sala de Paleoicnología, ahora con su nombre.
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