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10.30 horas, parada de Doce Ligero, rumbo a la UR.
En autobús con el alcalde
LOGROÑO

En autobús con el alcalde

Tomás Santos recorre los barrios cada 15 días haciendo uso del transporte público

M. SCHMITT

Lunes, 19 de enero 2009, 00:18

Y con su permiso, esta semana decidimos acompañarle en una de sus 'excursiones' por la ciudad. «Una o dos veces al mes, en vez de irnos a tomar un café a la cafetería del Ayuntamiento o a algún bar de esta zona, nos cogemos el autobús y nos vamos a algún barrio», señala.

El viaje se inicia un miércoles a las 10:30 de la mañana, en la parada de Doce de Ligero, para subirnos a la línea 1, que cubre el trayecto entre Lardero y Los Lirios. Acompañado por el concejal de Movilidad, Domingo Dorado, y su jefe de Gabinete, suben al vehículo ante la atónita mirada de los esporádicos pasajeros de esas horas.

La comitiva baja frente al complejo Científico Tecnológico de la UR y decide tomar un café en la instalación universitaria. Los alumnos y los profesores observan con cierta incredulidad al nuevo visitante y creen que hay algún acto institucional o una campaña política.

En el camino de vuelta al centro de la ciudad, Dorado explica al cronista que de estos viajes se han sacado bastantes ideas, algunas de ellas a punto de ponerse en marcha. Entre estas novedades, el Ayuntamiento colocará en el interior de los autobuses un plano general sobre los distintos recorridos de las líneas urbanas y se ofrecerá información acerca de cada parada. «Queremos aumentar la información interna al usuario del autobús urbano», explica el edil antes de llegar a la estatua del Labrador, el centro de transbordos de Logroño.

Inquietudes vecinales

Al abordar la línea 2, que es utilizada por 2,3 millones de usuarios al año, la gente mira sorprendida a su nuevo compañero de viaje. Son cerca de las 11.30 y el autobús va lleno. Una mujer saluda con cariño a Santos. «¿Qué tal estas navidades? ¿Te ha quedado dinero?», pregunta el primer edil. «Sí», contesta la sonriente mujer. «Nunca les doy a mis nietos más de lo que les cabe en una mano», añade.

Un hombre aprovecha la ocasión para amonestar al alcalde, ya que ha perdido todos los puntos del carné de conducir por el radar de avenida de Lobete y está de estreno en el autobús. Después de explicarle que la administración local poco tiene que ver con su problema de velocidad, escucha paciente las quejas vecinales. Que la avenida de Burgos está con baches; que las alcantarillas del barrio están levantadas; que las aceras necesitan un buen arreglo...

El autobús se va animando y al llegar a Yagüe se arma un corrillo en la parada final. «¿Y el colegio? Está vacío y lo queremos como centro cívico», dicen a coro dos mujeres. Santos les explica que el Ayuntamiento está a la espera de la transferencia del edificio, cuyo propietario es la Comunidad Autónoma.

Hace frío y el grupo opta por tomarse un caldo con Nati, que está en la barra del hogar del jubilado orgullosa de su nieto (toda una promesa futbolística).

La conversación gira en torno al campo de fútbol, que se comenzará a construir pronto; la cuesta para llegar a Valdegastea y la iluminación de las calles. Son las 12, hora de marcharse. Nati no quiere cobrarle los caldos que el alcalde se empeña en pagar. «El día que baje al Ayuntamiento invitas tú», le encomienda. «Y será con almuerzo», añade.

Espera por delante otro viaje en el autobús y también queda poner en marcha las sugerencias que ha escuchado durante la mañana.

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