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Un muletazo por alto de Perera en Las Ventas. /EMILIO NARANJO
Y Madrid consagró a Perera
SOCIEDAD

Y Madrid consagró a Perera

Miguel Ángel Perera se recupera tras las cuatro operaciones después de las dos cornadas sufridas en su encerrona en Las Ventas y coloca su nombre en lo más alto del escalafón como la novísima figura

PABLO G. MANCHA

Domingo, 12 de octubre 2008, 02:29

Miguel Ángel Perera permanece todavía ingresado en el hospital después de pasar tres veces por el quirófano -la última de ellas el jueves- como consecuencia de las dos cornadas que recibió el pasado viernes en su histórica encerrona en Las Ventas en la que confirmó ante la afición más importante del mundo que es una figura del toreo y que ha unido su nombre por derecho a ese mini elenco formado por José Tomás, 'El Juli' y Enrique Ponce.

¿Qué es una figura?

A lo largo de la historia del toreo muchos tratadistas han tratado de explicar (eso sí, con desigual fortuna) en qué consiste ser una figura y qué méritos tiene que cumplir un matador para poderse arrogar dicho calificativo. Nadie o casi nadie se ha puesto de acuerdo en el asunto, aunque cuando un diestro llega ese escalón cenital es casi imposible quitarle dicha etiqueta.

Y es que Miguel Ángel Perera ha completado una temporada demoledora en la que ha mantenido una regularidad de triunfos como no se recordaba en más de dos décadas. De hecho, ha sido capaz de firmar un verano absolutamente memorable en el que ha mantenido un compás de faenas y orejas inapelable en el que no se ha resistido ninguna feria de categoría (90 festejos, 167 orejas, cuatro rabos y 48 faenas de dos orejas en 193 toros lidiados). Es decir, el nivel con el que pasó por San Mateo ha sido su inapelable normalidad de este 2008 prodigioso en el que se ha encaramado a la cúspide del toreo. Tanto es así que sólo le ha superado un torero en Las Ventas: José Tomás (siete orejas y tres cornadas en dos corridas) por las cinco orejas y dos cornadas en las cuatro corridas y once toros que ha lidiado el extremeño en el coliseo madrileño. Pero más allá del frío rumor de las estadísticas, Miguel Ángel Perera ha sido el único de todos los actuales componentes del escalafón que se ha subido al tren que ha marcado José Tomás. El torero de Galapagar pisa un sitio inverosímil frente al toro y Perera ha decidido reinventarse a sí mismo y buscar ese espacio que definió con singular precisión José Tomás en sus dos tardes de Madrid.

Era casi imposible resistir ese impulso y precisamente al día siguiente de las cuatro orejas, Miguel Ángel Perera abrió la Puerta Grande de Las Ventas en una tarde memorable. Ningún otro torero de los de arriba (Enrique Ponce, El Juli, El Cid ni Manzanares) ha sido capaz -por unas u otras razones- de subirse a ese vagón en el que ahora caminan en soledad Tomás y Perera.

Pero Miguel Ángel Perera ya venía avisando desde el año pasado de que no era un torero más. Tras estar apoderado por una casa importante, dejó la comodidad de los contratos seguros y unió su nombre al de Fernando Cepeda, un exquisito torero recién retirado, con el que habla el mismo lenguaje y con quien empezó en solitario abriéndose paso en las ferias con triunfos inapelables. El verano de 2007 parece ahora un ensayo perfecto para lo que ha sucedido en la temporada que está a punto de terminar. Miguel Ángel Perera tendrá que permanecer unos días más recuperándose en el hospital, pero sabe que cuando salga será una de las escasas figuras del actual planeta de los toros.

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