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P.A.
Domingo, 18 de noviembre 2007, 01:56
Algunos equipos deberían pagarles a sus aficionados un cursillo: cómo ser una buena afición de balonmano, en tres pasos. El tal seminario debería incluir, necesariamente, un paseo por el Fernando Argüelles de Antequera, el lugar donde con más pasión se vive este deporte de toda España. A su lado, aficiones como la de Logroño (que mejora mucho con el tiempo, ojo) parecen aún infantes en proceso de gestación.
Lo de Antequera con el balonmano no es natural. Empezando por el pabellón, cuyas 2.250 plazas acogen una media de 2.500 personas. ¿Cómo? Si se quiere, se puede. En un deporte donde tanto depende de la presión al colegiado, hace falta ser un valiente para pitar contra las miles de gargantas que están mentando a la familia política del señor colegiado desde el segundo uno de encuentro. Los de ayer no estuvieron mal, hay que reconocérselo.
Ruidosos
En el mundo de la ola verde hay aficionados de lo más curioso, capaces de preocuparse desde el día anterior por dónde colocar bien una pancarta... del equipo rival. La peña Iron Maiden de Logroño estaba representada, al menos en imagen, gracias a sus compadres verdes. Otros, como el sin par Pepe el del Bombo, se han inventado un artilugio que hace sonar media docena de bocinas a la vez, un híbrido entre bomba de hinchar y trompeta de infierno. Y ruido hace, pardiez.
Ése es el Argüelles, en fin, donde perdió el Ciudad de Logroño por primera vez desde que existe, y eso es mucho teniendo en cuenta que los dos equipos se han cruzado en todas las divisiones. Pero este Antequera es más equipo que este Naturhouse y ayer la marea verde pudo verlo en directo.
El Argüelles tiene más curiosidades: debe ser el palacio con más guardias de seguridad de Asobal, y por tener tiene hasta azafatas de buen ver. La megafonía no es de lo mejor, pero si se trata de hacer ruido, qué más da. Tanto barullo había que los riojanos ni se enteraban cuando les presentaban, antes del partido.
Así les fue, claro: que luego no estuvieron. Y acabaron como mantecados de Antequera, disueltos en la marea verde.
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